Que hable el balón

¿Pero ya? De sábado a martes, de Mallorca a Leganés en un chasquido de dedos. Cantaba La Fuga que «los domingos me suelo jurar que cambiaré de vida» y los lunes, ya se sabe, bastante tienen con ser lunes. El Barça concluye su opening tour por la zona de descenso en busca de más argumentos que coleccionar antes de la visita al Pizjuán. El choque frente a los pepineros llega demasiado pronto, como el golpe de cresta de Arturo Vidal cuando aún nos desinfectábamos las manos. Y es que existe siempre un halo de genuina sorpresa tras encadenar partidos sábado y martes, nada que ver —se ponga el calendario como se ponga— con hacerlo domingo y miércoles. Las consecuencias del primer encuentro se mezclan con las causas del segundo sin solución de continuidad, algo a lo que nos debemos acostumbrar en la volata por esta Liga condensada y aséptica. Aunque sea tentador emitir juicios absolutos sobre una titularidad, un cambio al descanso o una suplencia, el rabillo del ojo siempre pendiente de la próxima cita quizá nos vuelva más prudentes o reposados en el análisis. Minipunto para el nuevo fútbol.

Sed competitiva. La noche mallorquina tuvo su justa dosis de evasión y de victoria, con un conjunto azulgrana que dio la sensación de presentarse a la cita con el gol inicial marcado ya desde casa. Por inercia. Superado el impulso chileno, los de Setién no se deshidrataron entre un cooling break y otro y mostraron relativo interés por lo que acontecía sobre el campo. Es precisamente ese hilo competitivo el que no deberán perder en las noches de verano que se sucederán en las próximas semanas, cuando la ilusión de abrir un regalo redondo y volver a vestirse de corto se esfumará tanto en jugadores como en aficionados abriendo paso a la vieja normalidad, esto es, la cruda exigencia de los tres puntos. Y luego otros tres. En un momento histórico en el que nos conformamos con poco, lo de Mallorca fue suficiente. Pero el estreno en el Camp Nou 101 días después será a todas luces una segunda vez y el tifoso medio, olvidadizo por definición, exigirá más y más certezas. Setién terminó varias frases con puntos suspensivos en la isla de Kubo y hoy varios actores querrán tener la última palabra.

Las comparaciones son… tuiteras

Se busca tridente. Los primeros brotes verdes asoman en el reparto ofensivo, donde conviven un paradójico danés y un francés cariacontecido. Braithwaite ataca espacios con fe inquebrantable y la actitud de un boy scout, diciéndole con cada ruptura a Messi que hasta cuando no le busque podrá encontrarle. No deja de ser curioso que si Martin sigue aportando vitalidad tangible aumentan sus posibilidades de… irse del Barça. Quizá su mental coach le habrá advertido de que si brilla en las próximas jornadas, un oportuno comprador podría despertarle del sueño azulgrana. En la economía pandémica, incluso hacerlo bien puede costarte el puesto de trabajo: minipunto para el viejo fútbol. Por su parte, el teórico tercer eslabón Griezmann lleva demasiado tiempo sin estar —si alguna vez estuvo— y uno empieza ya a no esperarle. Sumido en una perenne timidez táctica, sus actuaciones viven en el anonimato. La mascarilla cubre sólo la mitad del rictus y el suyo en el espacioso banquillo balear era el de un jugador desnortado, incapaz de decirle a Messi que si de vez en cuando le busca quizá logre encontrarle.

Silencio, se juega. La concatenación de partidos a bote pronto y la posibilidad de mover más piezas que nunca en el tablero deberían ser una bendición para el ajedrecista Setién, cuya gestión de recursos humanos decidirá el devenir liguero. La torre Araújo lució con sobriedad y compostura defensiva, el afeitado rey Lionel exhibió chispa ilusionante, los peones Semedo y Junior aportarán aire fresco en bandas y el caballo (loco) Vidal garantiza energía y desorden estratégico. La plantilla ya no parece tan corta. Un año más, la partida del Barça se jugará en las casillas centrales del campo, donde la convivencia de los alfiles De Jong y Arthur determinará si el equipo se enroca en las grandes citas o si la circulación fluye y el rival siente que el jaque mate es cuestión de tiempo. El brasileño que tuitea en catalán quiere mandar con el balón esta noche para que las frases inacabadas de Mallorca sean sólo cebos publicitarios que anuncien una actuación convincente. La recién estrenada realidad reduce la espera entre un examen y el siguiente, aplaca el bullicio folclórico de gradas y tertulias y expone a los peloteros a una expresión más pura del arte balompédico: silencio, se juega. Minipunto para el nuevo fútbol.

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