Hace frío ahí fuera

Las comparaciones los mataron. Eran esos gemelos a los que constantemente buscan diferencias, a los que no paran de poner pegas y sacar fallos. Porque no solo los comparaban entre sí, también los comparaban con el resto. Y el resto no era moco de pavo que se diga…


¿Qué hay, culés? ¿Cómo estáis? Hoy vengo a alejaros un poco de toda esa mierda institucional que está flotando por los retretes del Camp Nou. Me paso por el Estadi a recordar, a rememorar tiempos pasados aprovechando que el tiempo se ha parado. Me paro y aprovecho una frase de Rosa Montero que es oro en paño: “Cuando el ruido y el movimiento se paran, queda lo real”. Yo no sé si lo real es el pasado, pero es lo que queda, así que remontémonos a la temporada 2011-2012.

De aquella fueron cinco los canteranos que debutaron: Gerard Deulofeu, Martí Riverola, Rafinha, Cristian Tello e Isaac Cuenca. Yo me quiero centrar en estos dos últimos en particular. ¿No os da la sensación de que salieron del mismo vientre? Parecían siameses, no se separaban. Tenían escasos diez minutos cuando jugaban, eran habituales en las primeras rondas de copa y los unía el parangón incesante. Ambos jugaban en banda, eran hábiles, vivarachos… y por norma (del) general, hacían de comparsa.  Y es que, en esto de triunfar entran demasiados factores en juego.

Escribía Juan Tallón en El País que “a veces la crueldad con la que cambian las carreras de algunos jóvenes, de quienes los clubes esperan que sean genios a los pocos minutos de firmar” se antoja muy similar a la novela de Stephen King, La Larga Marcha. Obra en la que cien jóvenes son seleccionados entre millones para correr una carrera en la cual bajar de los seis kilómetros por hora es igual a perder. Solo puede quedar uno. Sucede un fenómeno de tal guisa en La Masía. Año tras año son muchos, demasiados, los que ven truncarse sus sueños de jugar en el primer equipo y deben buscarse la vida fuera. Véase el caso de Marc Cucurella, actualmente saliéndose en el Getafe. Bueno, actualmente quiero pensar que está en su casita, como todos. Que esto no es asunto baladí.

Las expectativas son tan odiosas como las comparaciones. Que se lo digan sino a Sandro y a Munir, otro de estos duetos que nos regalaron los debuts en el Barça. A estos dos, al igual que a sus dos predecesores no les quedó otra que aceptar pulpo como animal de compañía y montarse en la autocaravana de las cesiones. En el Camp Nou no hay cabida para el motín. O por las buenas, o por las malas. Pudiste haberlo sido todo, pero (in)descifrables motivos jalonaron tu carrera, apagaron la luz del mañana, te arrebataron el sueño que tenías, tu sueño.

Aunque lo parezca, hablar del futuro no es tan complicado en realidad. Eso sí, es arriesgado. No permite documentación, estás solo ante el azar. El futuro es camaleónico, y la gloria presente siempre nos salpica con su efervescencia. Por su parte, el pasado no es nada sino la nada. Puede servirte para nadar entre desgastados fajos hasta el día que la diosa Efímera quiera, hasta que la cuenta diga basta.

Cuando eres bisoño, cuando recién has llegado a esto de la élite, yo me dejaría de parafernalias varias y aplicaría los consejos de Enrique Ballester sobre el verde: “cuando vuestra pareja os presente a sus padres, intentad parecer gilipollas profundos; luego cualquier cosa que hagáis se antojará meritoria, será automáticamente sobrevalorada”. Al fútbol se traduce como debutar a falta de 5´para el final con el 34 a la espalda, marcar en propia y ser expulsado. No hay mejor comienzo posible. De ahí al cielo. Al cielo de la hostia que te suelta el míster, pero bueno… Mejor eso que prometer y no cumplir. 

La gran mayoría de debuts se quedan en eso, en meros conatos por llegar: son filfa, un espejismo en el desierto de las oportunidades. Por desgracia para los de la casa y por fortuna para los intocables, la cantera sigue siendo nadería en Can Barça. O eso parece desde fuera. O eso te dirían Tello, Cuenca, Sandro y Munir si tuvieran la ocasión. (¿Ocasión? ¿qué es eso?). “Expectativas al salir el sol y lamentos al caer la noche” diría Ballester. Yo os doy la bienvenida a Can Barça, el lugar donde los sueños se congelan sobre lúgubres piedras plomizas que son arrogadas al hoyo de tus penas y desgracias. Cuidado, hace (mucho) frío ahí fuera.

 

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