“La falta de Messi contra el Liverpool fue un momento de clímax absoluto”

Emocionar: tr. Conmover el ánimo, causar emoción.

Emoción: (Del lat. Emotio). f. Estado de ánimo producido por emociones de los sentidos, ideas  recuerdos que con frecuencia se traduce en gestos, actitudes u otras formas de emoción.

La voz es una de las herramientas más potentes para lograr generar emociones. La radio es un vehículo que nos transporta a miles de lugares, en cualquier momento. Un partido de fútbol a través de la radio es pasión, magia.

No es fácil emocionar a miles de aficionados. Mucho menos conseguir alterar el rictus de los jugadores que son los responsables de esos momentos inolvidables. Es la cuadratura del círculo.

Corre el mes de diciembre de 2019. En el Theatre du Chatelet, de París, con sus mejores galas, los futbolistas más ilustres y las caras más reconocidas del deporte rey pueblan los asientos de un teatro en el que todo está preparado para encumbrar a Messi como el mejor jugador del año con su sexto Balón de Oro.

La pantalla gigante proyecta las imágenes de lo mejor de un nuevo año fantástico del astro argentino. Hay música. Hay voces. Y, de repente, una familiar retumba por todo el teatro. Si se pudiese transcribir, si hubiese un taquígrafo, el resultado sería algo similar a esto:

Va a ir Messi. Va a buscar portería. Le pega el argentino, pie izquierdooooo… GOOOOOOOOOOOOOOOL!! OOOOOOOOOHHHHH!! OOOOOOOOHHH!!! OOOOOOOOOOOOOOOOHHHH!!! ¿¿Pero esto qué es?? ¡No me lo puedo creer! ¡Qué obús! ¡Qué misil! ¡Qué falta! ¡Qué perfección! ¡Qué lanzamiento de Messi! ¡Bendito pie izquierdo! ¿Cómo carajo le cuento yo al mundo lo que acabas de dibujar, con ese compás que tienes por pie izquierdo?

La falta era lejana. ¡Muy lejana! Pero le pegó Messi, con potencia, con precisión, con colocación. A la escuadra. ¡Es que no es una falta! ¡ES QUE ESTE LANZAMIENTO ES LA PARÁBOLA DE DIOS! Marcó el argentino, que vuelve a poner el Camp Nou patas arriba. Catorce años después de su primer gol en el primer equipo del Barça, Messi es leyenda. Messi es eterno. Hemos cantado 600 goles del 10 con la zamarra azulgrana esa que vuelve a elevar al cielo…

Es la voz de Lluís Flaquer, el comentarista de los partidos del Barça en el Carrusel de la Cadena SER, narrando el golpeo perfecto de Messi. Un zurriagazo que trazó una comba deliciosa. Un disparo de una violencia capaz de superar la barrera de defensores del Liverpool, hacer estéril la bella estirada de Alisson Becker, y besar la red de la portería del Camp Nou tras haber acariciado la escuadra del arco del equipo de Klopp. El gol que desató el delirio en el santuario azulgrana, y que ponía la guinda a otra gran noche de Messi. Una más.

Flaquer emocionó a la afición del Barça y a medio mundo. Por eso su gol llegó hasta París. ¿Qué sintió? La intrahistoria tiene su aquel. La casualidad hizo que, en ese momento, él estuviese entrando en directo en el Hora 25 de los Deportes, con Jesús Gallego. No se pudo enterar en directo. Solo hubo algo que distrajo su atención. El móvil, sobre la mesa del estudio, comenzó a vibrar, nervioso, vehemente. Los mensajes se agolpaban. Las menciones en Twitter se sucedían. Fue en ese momento cuando se preguntó qué pasaba. Y lo que pasaba es que su voz había conquistado París. Siempre quedará París, una ciudad marcada en la trayectoria radiofónica de Lluís Flaquer.

Es de esos momentos grabados. No es el objetivo del narrador aparecer en la gala del Balón de Oro, porque no te imaginas que pueda llegar a pasar. Pero te llena. Sobre todo porque fue una narración que funcionó bastante”. Flaquer, humilde, no cree que Messi estuviese procesando en ese momento su narración, en un momento tan especial, pero reconoce que “poder intuir que pude llegar a emocionar un poco a Leo, es cerrar el círculo. Emocionar al tío que te ha emocionado tantas veces a ti”. Un círculo cerrado en una noche especial.

De todos modos, nada como el directo. El momento del gol. Ese instante en el que Messi golpea con violencia la pelota y se aloja en la portería de Alisson. Cuando el Camp Nou explota y el Barça parecía acariciar la final de Madrid. “Es la falta casi perfecta. Un momento de clímax absoluto, de pasión en el Camp Nou”. Las manos en la cabeza de un locutor enrojecido. Pura pasión. Puro sentimiento.

¿Se prepara? ¿Se deja llevar? “Depende del narrador. Cada uno tiene su libro. Hay quien prepara más, otros se dejan llevar por la intuición y la inspiración del momento”. En el caso de Flaquer, admite que “los más preparados no me han sonado tan naturales. No me convencen tanto como el de la inspiración”.

En todo caso, “la gran receta es estar a la altura de lo que el gol provoca en el oyente y en el aficionado de un equipo, de quien está en el mismo estadio que tú”. “Empatizar”, una idea que el comentarista repite varias veces a lo largo de una charla deliciosa.

Claro que en los partidos importantes “notas algo más la responsabilidad. No puedes fallar”. “No  preparo los goles, pero te pones en más escenarios. Piensas qué puede implicar que pasen ciertas cosas”. Pero como el destino suele ser caprichoso, los escenarios no valen para nada. “Al final, acaba marcando Belletti el gol de la victoria”, bromea Flaquer. París, siempre aparece París.

Su primera Champions. ¡Cómo olvidarla! En su primera temporada narrando al Barça. Imposible de olvidar. Menos aún con lo que pasó en las entrañas de Saint Dennis. Después de que el cielo de París se tiñese de azulgrana, otro momento especial. El abrazo con el mestre Puyal. Una conversación guardada en el baúl de los recuerdos. “No te pienses que todo es así. Yo he tardado años y años, y tú llegas y narras una Champions en tu primera temporada”. El cariño de quien había sido el máximo referente.

Antes de París, hubo pasos previos. El ascenso del Hospitalet a Segunda División B. Las primeras narraciones en la radio local. El Mundial sub 20 que gana Messi. El círculo, siempre el círculo que se abre y se cierra. Y el salto a la SER. En el lugar adecuado en el momento oportuno. Y a partir de ahí, a volar.

La final de París. La de Roma. El sinsabor de Wembley en una noche en la que la garganta, tan caprichosa, no quiso trabajar como debía. Y la satisfacción de Berlín por poder desquitarse. Ese gol de Neymar, uno de los más especiales. “Se junta todo. Una final emocionante, abierta. Una contra con la que se acaba el partido. El gol y la celebración”. Rememora cómo lo vivió: “Tenía pensado que, si el Barça iba ganando cómodo, hacer una especie de versión del himno. Con el gol, con la euforia, me vino el chispazo. Tuve suerte e inspiración y salió bastante redondo”. Un partido de esos que “te deja la sensación de que habías estado a la altura”.

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Un aprendizaje continuo


El periodismo es una profesión que no para nunca. Uno no se puede relajar. Hay que estar en constante aprendizaje, adaptándose a los cambios que se suceden a una velocidad endiablada.

¿El maestro, el referente? No duda. Joaquim María Puyal. El del abrazo en la noche de París. El mismo que dijo “ya me puedo morir” tras el 0-3 del Barça al Madrid en la primera noche de Flaquer en el Bernabéu. Esa en la que Ronaldinho acabó envuelto en aplausos de un feudo blanco entregado. El hoy narrador de la SER pensó que habrían tocado techo. El tiempo se empeñó en llevarle la contraria. Pero esa es otra historia.

Puyal fue el que le marcó. “Con el crecí. Y de él aprendí la importancia del lenguaje, la descripción. A transmitir emoción y originalidad”. Pero aprende también de todos sus compañeros en el día a día. Un consejo que le da a los más jóvenes. “A los alumnos les recomiendo que escuchen a todos los narradores, porque de todos se puede aprender. Es una cuestión muy personal, y todos, desde una emisora local hasta la de más audiencia, todos te pueden enseñar”.

Y a base de aprender, se construye y estilo propio. El que acompaña a las imágenes de muchos momentos felices en la mente de miles de culés. “Es algo que me abruma. Te llena cuando alguien te lo dice”. A los jugadores, pero también a las estrellas.

A Messi en París. A Iniesta en la grabación del documental El héroe inesperado. “Andrés lloró, a su manera, pero lloró”, explica el periodista Marcos López, en referencia al gol de Iniesta en la final de Copa del Rey contra el Sevilla en 2018. “He flipado”, responde Flaquer cuando se le pregunta  por la reacción de Iniesta. “Me conmueve muchísimo”.

La importancia del equipo


El gol es lo que trasciende. Lo que se recuerda. Detrás, hay un trabajo enorme. Un equipo incansable. Lluís Flaquer no escatima en elogios para quienes le acompañan en el día a día. Habla de Marcos López, su “ángel de la guarda”. De Edu Polo, Sique Rodríguez, Jordi Martí, Adrià Albets. De los técnicos que hacen posible que el sonido no se quede en el Camp Nou. De la complicidad con Dani Garrido y el equipo del Carrusel en Madrid. Y de los compañeros en las emisoras. “El éxito o el fracaso depende de un equipo”.

“El partido es la puesta en escena. La preparación empieza mucho antes. Se trata de llegar a cualquier estadio con la sensación de que tienes todo bajo control, de saber qué puede pasar y por qué. Hay que tener capacidad de estar al tanto, y eso se hace leyendo, informándote mucho”. Otra lección.

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Volvemos a los goles. ¿Qué gol le hubiera gustado cantar? ¿El de Messi en semifinales contra el Chelsea? ¿El de Dembélé contra el Liverpool? Por supuesto. Pero hay uno por encima de todos. “Siempre lamentaré que en la final de Maracaná Messi no marcara un gol. Le hubiera encumbrado definitivamente”.

Otro reto. ¿Cuál no hubiera querido narrar? Se lo piensa. Y sorprende con la respuesta: “El partido en Villarreal después de la muerte de Tito Vilanova, o el Barça – Betis después de los atentados de La Rambla. Son días en los que la narración sobra. Hay tanta emoción a flor de piel, tan reciente, tan cercano, que no te apetece cantar”.

El último que cantó fue un penalti de Messi contra la Real Sociedad. Después, el coronavirus lo cambió todo. Ahora, se dibuja un escenario de partidos a puerta cerrada. Sin público. Sin ambiente. “Todo va a sonar muy raro. Va a ser difícil transmitir y estar a la altura. Cuesta mucho más empatizar con el gol”.

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Mientras tanto, toca reinventarse. Como el especial del Què T’hi Jugues en el que los pequeños de la casa fueron los protagonistas. “Surge donde surgen las mejores ideas. Tomando un café o una caña con los compañeros del equipo”.

Reinventarse. No queda otra. Con el estadio lleno o con él vacío. Cuando vuelva a rodar el balón, será el momento de volver a emocionar a los oyentes. De capear el temporal, volver a la normalidad y cerrar un círculo bien diferente. Porque siempre nos quedará la magia de la radio.

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