Fuego a discreción

Solo una camarilla selecta de auténticos elegidos sería capaz de romper el FC Barcelona en mil pedazos cuando el resto del mundo está en pausa y a otra cosa. Son, sin duda, més que unos dirigentes. Sin obviar, claro, que dirigentes es probablemente lo único que no son. Y al Barça así hay que quererlo. El reseñable mérito del elefante en cacharrería, todo sea dicho, es imposible no reconocérselo a quienes con tanta soberbia, revanchismo e incompetencia han movido los hilos del club desde hace años.

Como en una tragicomedia difícil de digerir hace 23 capítulos, la Junta de Bartomeu, sus pavorosos vestigios, ha logrado darle una pátina de credibilidad a la de Rosell, insostenible analíticamente para quien haya hojeado más de tres segundos los diarios de información deportiva (¡Y los generalistas!) la última década. Naturalmente, hay que referirse a los que siguen religiosamente con el sacrosanto oficio del periodismo y no son movidos desde atrás como los Muppets, que al menos son graciosos de origen y no se les notan tanto los hilos.

Las cortinas de humo levantadas a raíz de la bomba Rousaud son tan dolorosamente obvias que si uno se acerca con lupa puede leer una etiqueta que dice “Denominación de origen: Can Barça”. Como si te las hubiera montado un vil falsificador de nuevo cuño. Y con ese cartón piedra van por la vida. Si se han movido a las arenas judiciales es porque la gravedad de las implicaciones expuestas les obliga a trasladarse fuera de su zona de confort, un asunto validado por el hecho inobjetable de que los juzgados son para esta Junta su Anfield particular. Y no hay garantía alguna de que esta vez será su remontada.

Al final, las “actuaciones poco claras”, apelemos al bondadoso ejercicio del eufemismo al que hemos asistido como si pasaran memorándums por debajo de la puerta, respecto al manejo de los recursos utilizados en una aventura tan sui géneris como I3 Ventures solamente pueden ser diluidas en el mar del mercado de rumores, en el enésimo intento publicitario de Bartomeu y compañía o con algún tropezón del Madrid. No es otra cosa que el proceso ya antiquísimo de blanqueamiento mercadotécnico al que ya quisiera meterle mano Iván Redondo. Hay cosas que, ni pandemias mediante, jamás cambian. Lo único que ahora no tapa este escándalo por fascículos es Leo Messi. ¡Y cómo se ven las costuras de una dirección que llegará a trozos a las urnas!

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