ARTHUR MELO: AÑO II

La temporada del FC Barcelona ha sido, hasta que el Coronavirus dijo basta, extraña. Los fichajes que en verano incitaron a un optimismo incipiente en el culé se fueron diluyendo con el paso de los partidos bien porque no se les ofreció el contexto deseado (De Jong) o porque lo que les exigía el equipo estaba a las antípodas de lo que ellos podían ofrecer (Griezmann). Así, en esta disyuntiva, el FC Barcelona se vio en la obligación de ir creciendo a pesar de no poder potenciar a sus mejores piezas, obligado a mejorar cada jornada aun que no sabía cómo. Pero en esta espiral de dudas hay, bajo mi punto de vista, un futbolista que ha emergido como una de las noticias positivas de la temporada: Arthur Melo.

La figura del brasileño fue la gran noticia en el pasado curso cuando nadie esperaba que mostrase aquella personalidad y jerarquía recién aterrizado en Europa. Su obsesión por Xavi Hernández no eran solo palabras; se veía en cada gesto, cada control y cada pase que el brasileño lo había estudiado con detenimiento. En un centro del campo cada vez más desnatualizado, tener a un futbolista como Arthur, capaz de no perder la pelota y jugarla con clarividencia fue un soplo de aire fresco para el equipo y, sobre todo, para un aficionado que recuperó, aunque solo fuera un poco, la ilusión. Su primera temporada, aunque prometedora, no dejó de ser coherente con su bisoñez y su ternura en según qué funciones. Su fútbol aún no podía ir más allá de donde estaba, eso es, en un juego más horizontal, con menos riesgos. Pero, tras un verano en el que todo el mundo tenía los ojos puestos en Frenkie De Jong, Arthur ha cuajado una temporada más que interesante y, bajo mi punto de vista, ha sido el centrocampista que más le ha dado al FC Barcelona.

Mapa de calor de Arthur Melo en la 18/19 (vía Sofascore)
Mapa de calor de Arthur Melo en la 19/20 (Vía Sofascore)

Arthur Melo pasó a jugar más arriba por dos motivos: el primero es por una cuestión de supervivencia. El FC Barcelona cuenta con Sergio Busquets y Frenkie De Jong, dos jugadores “de base”, aunque el neerlandés sea un futbolista con asterisco porque, aunque parta desde la base, su incidencia es global. Por eso, Arthur debió “moverse”, para dar oxígeno a un centro del campo que no lo tenía, hacerlo más adaptable. Su incidencia creció, y Arthur no solo fue el centrocampista mandón que habíamos visto en la pasada temporada, sino que fue añadiendo pequeños “upgrades” a su juego: mostró una mayor agresividad cara el gol (3 goles y tres asistencias en poco más de 1000 minutos en Liga) y empezó a pesar realmente en campo contrario. Pasó de 53 toques a 60 por partido, de 0.4 regates por partido a 1.8 y de 2.5 duelos ganados a 4.8 por partido. Es decir, una mejora exponencial que se vio reflejada en el verde cuando Arthur jugaba.

El segundo motivo es porque era el paso que su fútbol insinuaba. Arthur, a pesar de ser un jugador de base que en su primer año mostró que buscaba siempre estar ceerca del primer pase y al que le gustaba mucho mandar, es un futbolista con unas condiciones para ser un interior de más recorrido y poder estar más arriba. Tiene intuición para batir la presión a través de la conducción y es lo suficientemente hábil como para esconder el balón cuando se le agrede por detrás. Arthur, con ese giro + pase posterior logra eliminar muchas marcas con una gran facilidad.

Pases realizados por Arthur Melo en la 19/20 (Vía From The Stands)

La gran pregunta está en cómo pueden no convivir, sino potenciarse, Arthur y Frenkie en el centro del campo del FC Barcelona. Su primer temporada no es una muestra definitiva, pues Arthur ha estado cerca de mes y medio lesionado y cuando han coincidido De Jong ha ido ocupando distintos roles. Quizás se puede tomar como muestra el último partido en el que coincidieron, en el Santiago Bernabéu. Ahí vimos como De Jong jugó de espaldas gran parte del partido, muy arriba, mientras Arthur veía el fútbol de cara. El partido del brasileño fue impresionante, haciendo hasta 8 regates de 8 intentados y siendo, con sus conducciones, el hilo conductor de un FC Barcelona que carece de profundidad. Es precisamente esta carencia la que condiciona absolutamente todo lo posterior: los interiores no podrán estar en su condición ideal pues deben ayudar a paliar esta carencia; el dinamismo de Arthur ha servido tanto a Valverde como a Setién para lanzarlo más arriba a explorar zonas que, en su primer año, jamás visitó.

Pero en este partido, y cuando han convivido juntos, ha sido Arthur el que ha tendido a gestionar la base y De Jong ha pasado a jugar mucho más arriba. Frente al Real Madrid, Frenkie jugó prácticamente en la frontal blanca en ataque estático y en salida, sobre todo en el primer tiempo, se mantuvo en un escalón por encima de Arthur y Busquets. ¿Cómo se pueden potenciar? Esta es la gran pregunta que marcará, en gran medida, el futuro del próximo Barça. Y ahí es muy importante la figura del “tercer integrante” teniendo en cuenta que Busquets ya ha superado la treintena, un interior que pueda acelerar, más orientado al último tercio y con capacidad para interpretar los espacios a la espalda de los mediocentros rivales: ¿Aleñà, Riqui, Rafinha?

Arthur y Busquets en paralelo con Frenkie De Jong en un escalón superior vs Real Madrid.

Arthur Melo ha sido el centrocampista que más ha ayudado al FC Barcelona a ser lo que quería ser en esta temporada. El interior que más cosas le ha ofrecido al Barça en campo contrario. A pesar de la inconsistencia de Arthur por las lesiones y en determinados tramos de los partidos, el crecimiento de Melo ha sido más que notable, un jugador que aún está por descifrar pues son muchas las posibilidades, ¿interior de base? ¿Interior en un escalón intermedio? ¿Crecerá en su faceta en el último tercio? Un centro del campo se mide en gran parte por su complementariedad, que los integrantes tengan virtudes que encajen en las carencias de su compañero y viceversa. El del FC Barcelona está aún por descifrar, hay muchas incógnitas que sobrevuelan el centro del campo y el tiempo aprieta; cada vez el culé es más consciente de la mortalidad de Leo Messi y no hay nada que ahogue más que imaginar un futuro sin el 10. El próximo curso tendrán que resolverse muchas dudas y reordenar muchas piezas. Pero en todo este entramado, una certeza: Arthur Melo está para ser lo que él quiera.

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