Cosas del directo

La última y nos vamos. Eran las 20.08 h. del pasado 7 de marzo cuando Messi fijó su mirada en un punto intermedio de la línea de 11 metros que separaba el balón y el portero de la Real Sociedad. Liturgia de sábado. Escuadra y cartabón made in Rosario. En los últimos días observo embelesado la foto de ese lanzamiento, como si viviese dentro del meme en el que Wolverine acaricia su retrato. La poderosa imagen que capturó aquel instante de precisión quirúrgica muestra cómo el argentino no se concentra ni en el esférico ni en Álex Remiro, sino en ambos a la vez. Es decir, que para controlarlos tuvo que ser Koeman y Mendieta. Así, delante de 77.035 espectadores que acudieron al Camp Nou sin aparente respeto de la distancia social, Leo transformaría con inusual potencia y sentido de responsabilidad la pena máxima que fue el preludio de la máxima pena.

Pensar en slow motion. Un mes y cinco días después, aquel golpeo agarrotado se asemeja cada vez más a la última vuelta en un tiovivo en la infancia, al último tiro a puerta antes de la ducha en la adolescencia, a la inoportuna campana —cling, cling, last orders— en un pub en la juventud. Si fumase, diría que ese gol nervioso con celebración apurada fue la última calada al cigarro del fútbol. ¿Por qué doy tantas y tan minuciosas vueltas a aquella acción? Supongo que, como explica Juan Tallón sobre las tonterías sin importancia que nos ocupan ahora, “desconoces qué harás y es normal que dediques tiempo a recordar qué hiciste. Entre la ansiedad, la falta de vínculo social, la irrealidad, el miedo, las pérdidas, eliges la nostalgia”. Por eso repasamos la historia de nuestro último finde normal, tan lejano y tan cercano en el tiempo. La conocéis de memoria: el Barça durmió líder, Tello apagó a tiempo la alarma de un guadianesco Real Madrid y ya nadie nos despertó de este mal sueño.

Son cosas del directo. Si tuviera que elegir una sóla cosa que llevarme a una isla desierta, optaría sin dudar por el fútbol en directo. Es más, me la apunto para la próxima entrevista de trabajo. No me llevaría el fútbol en abstracto ni en una base de datos sino la incertidumbre que nos suspende en el presente. No las tengo todas conmigo cuando Messi se dispone a cobrar un penal, y eso hoy me reconforta. El filósofo inglés Simon Critchley aporta lucidez a esta teoría: “en cada instante el futuro está abierto y es incierto. Podría pasar cualquier cosa, por más que a menudo no sea así. Observamos el momento y esperamos ese momento entre momentos en el que ocurra algo extraordinario. Está pasando, susurramos para nosotros mismos”. También ahora, confinados, sentimos que podría ocurrir cualquier cosa. Pero sin la sólida certeza cíclica de nuestro ritual favorito —sin la recuperación semanal de la infancia, que diría Marías— nos sentimos inseguros y desorientados. Incapaces de proyectarnos en el futuro. Hoy será un domingo sin fútbol de hoy, si acaso con fútbol de ayer, ni rastro del fútbol de mañana.

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