El coronavirus acorrala a la Junta de Bartomeu

El impacto del coronavirus se siente en todos los ámbitos de la vida. Sus consecuencias en términos sanitarios están siendo terroríficas, y los efectos en la economía provocan terror. El mundo del deporte tampoco se escapa a un virus que ha puesto patas arriba al mundo y a la sociedad.

En el planeta fútbol, son evidentes los estragos del coronavirus. Las competiciones están paradas, nadie se atreve a aventurar cuándo se retomarán, si es que algún día lo hacen. “Hay tres planes previstos”, decía esta semana el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin.

Y el parón afecta también a los clubes. Al Barça le golpea especialmente. Fue el primer club que barajó la posibilidad de hacer un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) en sus secciones. A muchos podría sorprenderles que un club como el catalán quede expuesto antes que otros equipos más modestos. Pero, en realidad, la quiebra del Barça era cuestión de tiempo.

La gestión económica de la Junta Directiva que encabeza Josep María Bartomeu lleva años siendo calamitosa. Fichajes a precios desorbitados. Comisiones a terceros especialmente en Brasil, e intercambios de jugadores para  poder cuadrar unas cuentas cada vez más enrojecidas.

De un tiempo a esta parte, el primer equipo cerró las puertas de la Masía a sus jóvenes promesas, llenó al Barça B de fichajes de procedencia desconocida, y gastó cantidads ingentes de dinero en fichajes que no han dado rendimiento.

Estos días, ante la falta de partidos, las cadenas de fútbol y la televisión oficial del club emiten partidos de antaño. Sin ir más lejos, este fin de semana, los aficionados culés pudieron revivir en Gol TV el Clásico del 2-6, o los mejores momentos de Messi. En el año 2009, el del Sextete, en la final de la Supercopa de Europa había una pancarta en el lado de los aficionados del Barça: “El Barça los cría y el Madrid los compra“. Una noche en la que el gran protagonista fue Pedro Rodríguez.

Cómo han cambiado las cosas en diez años. Una década después de que el “Cartera contra cartera” se convirtiese en uno de los mantras de la afición del Barça, Carles Pérez, un jugador con un perfil prácticamente idéntico al del extremo canario, tuvo que marcharse a Roma a mitad de temporada. La versión del club y de la prensa afín es que Quique Setién no lo quería. La realidad dista mucho de la cortina de humo. El Barça necesita ingresos para tapar agujeros y para prepararse para otro verano de desenfreno en el capítulo de gastos.

Desde el año del triplete, el gasto del Barça se ha disparado, con muchos fichajes que no han rendido al nivel que se esperaba. Aquel verano, pese a la sanción de la FIFA, el Barça apostó por reforzar el equipo con Arda Turan (34 millones de euros) y Aleix Vidal (17). Un año después, se destinaron 60 millones de euros para los fichajes de Paco Alcácer y de André Gomes, en un verano en el que también llegaron Samuel Umtiti (25 millones) y Jasper Cillessen, que tuvieron un paso más destacado por la entidad azulgrana.

No obstante, y aunque suene paradójico, el gran agujero lo causó la marcha de Neymar. Los 222 millones de euros que el PSG depositó en las arcas del Barcelona pronto desaparecieron y agravaron la delicada situación económica del club: Philippe Coutinho (160) y Ousmane Dembélé tuvieron o están teniendo un paso de lo más discreto por el Barcelona. En la temporada 2018/2019, el gasto total fue de 943 millones de euros, según un informe elaborado por José María Gay de Liébana. Este verano, el club gastó 120 millones en Antoine Griezmann y 80 en Frenkie de Jong.

A todo esto hay que sumarle el encarecimiento de la masa salarial, con renovaciones a la alta de una avejentada columna vertebral, o las operaciones de trilerismo para cuadrar las cuentas. El intercambio de Cillessen por Neto o las operaciones con Paulinho, son algunos de los ejemplos.

El capítulo de comisiones, especialmente con intermediarios brasileños, y el dispendio en más de 50 fichajes para el filial tampoco han parecido importarle a una junta que optó por continuar tensando la situación financiera. Operaciones como las del pasado invierno, cuando el Barça apostó por Jeison Murillo y Kevin Prince Boateng, y no por Erling Braut Håland, o la “imposibilidad” de hacer frente a los 4 millones que se exigían para conseguir a Marco Asensio o a Takefusa Kubo, ambos ahora en el Real Madrid, invitan a la reflexión.

La gestión de la crisis


La directiva vivía en un cuento de color y rosas hasta la llegada del coronavirus, la reducción de ingresos y la suspensión de las competiciones. Entonces, ahí sí, los gestores económicos del Barça entraron en pánico, anunciaron una reducción salarial del 70% y comenzaron a filtrar rumores a los medios para presionar a los jugadores.

Los primeros en salir a defenderse fueron, a través de Twitter, pesos pesados del equipo de baloncesto. Pierre Oriola, Pau Ribas o Niko Mirotic desmintieron varios artículos en los que se les acusaba de negarse a la reducción salarial. Incluso Ante Tomic, ajeno a las redes, se creó una cuenta para defender su honor y el de sus compañeros. Este fin de semana, tanto él como los capitanes de las secciones de fútbol sala (Sergio Lozano), balonmano (Víctor Tomás) y hockey (Aitor Egurrola) hicieron sus propias publicaciones explicando su situación). Y todavía faltaba por llegar el último bombazo a la zona noble del Camp Nou. El de la plantilla de fútbol.

Algunos periodistas habían puesto en la picota a los jugadores del primer equipo por no querer asumir la reducción salarial pese a sus elevadas nóminas. Y Messi, como ya había hecho hace dos meses cuando se acusó a la plantilla de dejar caer a Valverde (¡qué lejos parece todo aquello!), tomó la palabra.

El capitán publicó un comunicado, en nombre de toda la plantilla, y que luego compartieron varios de sus compañeros. En el texto, Messi explica que los jugadores, no solamente aceptan el 70% de la reducción se sus salarios, sino que harán donaciones para que el personal del club cobre todo lo que le corresponde.

Primero, desmiente las acusaciones. Después, da una vuelta de tuerca con las donaciones. Y, por último, sentencia a la directiva: “No deja de sorprendernos que, desde dentro del club, hubiera quien tratara de ponernos bajo la lupa e intentara sumarnos a la presión para hacer algo que nosotros siempre tuvimos claro que haríamos“. Mensaje claro, contundente y certero.

El segundo que lanza Leo Messi contra la directiva en lo que va de 2020. Los rivales del argentino saben que, sobre el campo, no conviene enfadar al 10. La directiva, sin embargo, parece empeñada en tensar la cuerda. Todo lo que sea necesario para salir a flote.

Pero la crisis del coronavirus ha dejado muy acorralado a Bartomeu y su equipo, con el CEO, Óscar Grau, el vicepresidente económico, Enrique Tombas. Messi y sus compañeros, han vuelto a decir basta. El segundo aviso en menos de tres meses. Es muy probable que no haya un tercero.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s