Explicando lo inexplicable (2/2)

Parte II. Cuando el fútbol pecó: sobre Cesc Fàbregas, Alexis Sánchez y una madera ‘blue’

Dos años después de la caída frente al Inter de Milán en Champions League, un 18 de abril de 2012 el FC Barcelona se presentaba en Stamford Bridge para encarar unas nuevas semifinales de la competición europea de clubes por excelencia. Chelsea y Barça se veían las caras por un puesto en la final. Roberto Di Matteo, recién llegado al banquillo blue, formó un 4-5-1 con Obi Mikel, Lampard y Meireles en el centro del campo, Mata y Ramires en los costados y Drogba como referencia. Guardiola, con otro de esos sistemas indetectables que hacen dudar al rival y le obligan a realizar aquello que no espera y para lo que no estaba preparado: una especie de cuadrado en el centro del campo, con Busquets y Xavi en la base y Messi y Cesc Fàbregas más adelantados, con Alexis e Iniesta por fuera pero participando por dentro, sobre todo el manchego. Hasta cinco centrocampistas con el ariete chileno como falsa referencia.

Aquel partido no tendría nada que ver con el presenciado en el Meazza dos primaveras antes. Pese a que el Barça tuvo el dominio del balón y el control del partido, no se terminaba de encontrar cómodo en tres cuartos de campo y daba la sensación que el Inter podía generar peligro cuando conseguía correr con precisión. En el Bridge, sin embargo, el conjunto barcelonista cuajó un encuentro -sobre todo la primera mitad- soberbio. En el Chelsea, Obi Mikel se situaba casi a la misma altura que los dos interiores, que saltaban a Busquets y Xavi. Los centrales, sin referencia ofensiva a la que marcar, estrechaban el espacio con su medular para acechar a Cesc y Messi, entre ambas líneas.

Y ahí tuvo efecto el plan: si Alexis amenazaba la profundidad a la espalda de Cahill/Terry, Cesc o Messi podían recibir entre líneas, encontrar a Iniesta y/o armar el ataque. Si los centrales no lo hacían, el propio Andrés podía conectar con Alexis, libre de marca. De tal modo se generó unas de las ocasiones culés más claras del choque. El Chelsea replegaba en su campo e, igual que el Inter en 2010, esperaba robar y lanzar para poder salir. En esta ocasión, mediante Ramires a la espalda de Alves. Lo consiguió en la única que le pilló para poner a los blues por delante en la eliminatoria.

Pese a la derrota, el cuadrado en el centro del campo le funcionó al conjunto de Guardiola a las mil maravillas, digno de exhibición. Mediante el clásico juego de posición, basado en la ocupación racional de los espacios para facilitar la progresión en el juego, los azulgranas tocaban y se movían; entraban y salían; intercambiaban continuamente sus posiciones, pero de forma lógica y ordenada para resultar indetectables. Así, se producía una fluidez de balón y una apertura de líneas de pase constantes. Lo único que se resistió fue el gol.

Para intentar igualar el luminoso, el técnico de Santpedor tuvo que darle otro giro de tuerca a la idea. Cerró con línea de tres, juntó hasta cinco futbolistas por dentro y mantuvo en amplitud a dos laterales ofensivos puros, Alves y Adriano.

Estadísticas via UEFA.com y Soccerway.com

Una semana más tarde, y pese a lo corto del resultado, al Barça de Guardiola no se le quería escapar otra final europea. Pese a ganar la Copa de Europa en dos de tres ocasiones, el técnico del mejor equipo del mundo por aquel entonces tenía en la memoria la eliminación sufrida a manos de su ‘amigo’ José dos años antes. Así, y pese a lo corto del resultado (un 1-0 en contra), el Barcelona salió a por todo desde el pitido inicial. Una línea defensiva de tres, con hasta cinco centrocampistas -contando a Iniesta- la sorpresa de Isaac Cuenca en el extremo derecho y Alexis de ’9’. Aquel Barça vivió todo el encuentro en campo rival ante un Chelsea con el mismo once (4-5-1) que en la ida.

Los contratiempos sufridos por Cahill y Piqué modificaron el cartel, pero no el guion. Se trata, quizás, del partido que menos sentido ha tenido. El Barça logró igualar e incluso remontar la eliminatoria antes de lo esperado y ante un Chelsea con diez. Sin embargo, Ramires apareció de la nada para rescatar a los blues del naufragio. Al quedarse con uno menos, Di Matteo situó a su conjunto en un 4-4-1 con Ramires como lateral derecho, con Mata por delante. Un cambio de puesto que sería clave hasta sin quererlo. En la única ocasión en la que el cuadro londinense logró soltarse con balón, Lampard atrajo la marca de Mascherano, fuera de zona, y nadie siguió al futbolista brasileño, que batió a Valdés. Busquets y Alves no llegaron a cerrar dado lo expuesto y alto que estaban jugando. Incredulidad absoluta.

El Barça había brillado, en una sola mitad, casi tanto o más que en Stamford Bridge, todo lo que le había costado en el Guiseppe Meazza y lo que no pudo hacer en la vuelta ante los interistas. Al Chelsea le tocaba afrontar el mismo ejercicio de supervivencia que a aquel Inter pero frente a un Barça que parecía invencible. Con el paso de los minutos se afincó en su área y comenzó a sacar agua constantemente mientras Guardiola movía lo que tenía: introdujo a Tello por Cuenca, pasó al joven extremo a la derecha e Iniesta a la banda izquierda, y sustituyó a Busquets por Cesc, volviendo Iniesta al centro, cambiándose Tello de costado y adueñándose Alves de su carril.

El Chelsea quedó en un 6-3-0 impidiendo el acoso de los locales por fuera emparejando a Kalou con Iniesta primero y con Tello después, y a Drogba -sí, como Eto’o en 2010- con Tello primero y Alves después. Por dentro, la misma red de tres hombres que se encargaron de que Messi e Iniesta tuvieran el mínimo espacio posible para ser determinantes. El Barcelona no tuvo el acierto que necesitaba, como en la ida. Se topó con Cech y con la madera, hasta en más de una ocasión, para terminar viendo como Torres perforaba la suya en una larga carrera en solitario para el olvido culé.

Fue, sin duda, la eliminatoria que empezaba perdiendo que más cerca estuvo de superar. La fortuna quiso empujar al vacío a un Barça hasta el momento pletórico y que terminó encajando el dolorosísimo tanto que certificaba el fin de su extraordinaria participación en aquella Copa de Europa… y el de una etapa de un equipo de ensueño al que el fútbol, pese a los innumerables éxitos, no despidió como merecía.

Estadísticas via UEFA.com y Soccerway.com

“No sé ni lo que siento. Es que miras al equipo a ver qué puedo decirles o ver qué han hecho mal para no estar en la final… y no lo encuentro, pero no alcanza […]. Lo hemos hecho todo para volver a ganárnoslo, pero no ha alcanzado. Como jugador aprendí que cuando ganábamos tanto era irreal. Lo importante es haber estado otra vez muy cerca. Este juego es así de especial, de bonito, de distinto… Intentas controlarlo, pero hay cosas que se escapan”, dijo Pep Guardiola tras la asombrosa eliminación.

Realmente, así es la Copa de Europa: una competición en la que no siempre gana el mejor.

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