“El mejor equipo que hemos conocido”

Dos imágenes. La primera. Edwin Van der Sar arrodillado en su área. De fondo, Leo Messi yendo a aporrear una valla publicitaria acompañado de David Villa. La segunda. Wayne Rooney, tal vez un naufrago, dando manotazos al aire. La cara de impotencia, el balón en pies de algún jugador azulgrana. Y una cita. “Es el mejor equipo que hemos conocido, lo sabe todo el mundo y lo acepto (…) Nadie nos ha dado una paliza así”, Sir Alex Ferguson al terminar el partido.

Hay crónicas que podrían escribirse así. Con una frase y un par de imágenes.

A veces me da por pensar que la memoria se define más por los olvidos que por los recuerdos. O tal vez por la vaguedad de estos últimos. Es difícil recordar un Barça impreciso en Wembley aquella noche de 2011, aunque existiera durante diez minutos. Un mal despeje de Mascherano, un mal pase de Valdés y otro de Xavi, errores en el regate de Alves y Messi. Una ocasión de Rooney y otra de Chicharito. Parece que nada de aquello sucediera, meros espejismos. Recordamos, en cambio, a Van der Sar cabreado en la portería, a Vidic perdido buscando a Messi y a Rooney desesperado.

Escribía Aldous Huxley que “el recuerdo de todo hombre es su literatura privada”. La memoria es nuestra propia novela, una y muchas a la vez, y si por algo se podría caracterizar esta es por la belleza, que no deja de ser aquello que queremos conservar. No es extraño, por tanto, que el recuerdo de Wembley dure tan solo ochenta minutos. Los mismos en los que el Barça fue el engranaje de un reloj del que Xavi llevaba el tempo. Todo funcionaba al milímetro. Xavi dirigía, Iniesta recibía a espaldas de Carrick y Giggs y aceleraba con Pedro y Villa atacando los espacios en el área. Si no Iniesta, se descolgaba Xavi. Si no Xavi, aparecía Messi con Vidic sin saber muy bien qué hacer: ¿seguirle? ¿anticiparse? ¿quedarse quieto? ¿resguardarse y esperar lo inminente?

El duelo entre el argentino y el serbio representa fielmente cómo fue el partido: el primero fue la pregunta que el segundo nunca supo resolver. El Manchester United no pudo más que resignarse, ajustarse bien el cinturón y esperar a de vez en cuando poder jugar al frontón con Piqué y Busquets. Paradójico o no, al descanso se llegó con un empate después de que marcaran tanto Pedro como Rooney, pero el gol del segundo no pudo pasar más desapercibido, pues apenas cambió nada. Tan solo el resultado y únicamente por unos minutos. En cierta manera, el Barça ya ganaba incluso antes del disparo de Messi en la segunda parte, mucho antes de redondear la noche con el tanto de Villa.

En ocasiones, para medir a alguien, tan solo hace falta ver el rostro del rival, que es aquello que mejor le termina definiendo. Y aquel Barça puede que no reciba mejor alabanza que la tímida sonrisa de admiración de Sir Alex Ferguson a Pep Guardiola una vez terminada la pesadilla. Si algo tienen en común la memoria y el fútbol es su tendencia al olvido. Quién nos dice que con el tiempo solo recordemos aquella sonrisa. Puede que tan solo con ella tengamos ya suficiente.

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