Rinus Michels “El general olvidado”

Hace unos años, el mundo entero elogió, ensalzó y disfrutó del que fue considerado el mejor fútbol jamás visto, amén de exitoso, desarrollado por futbolistas que lo ganaron absolutamente todo y crearon escuela. Se trataba del Barça de Guardiola, el más exitoso de la historia, un equipo ante el que aficionados y rivales, sólo podían aplaudir. Pep Guardiola, hoy entrenador del Manchester City, fue un discípulo de Johan Cruyff, y casi de todos y cada uno de los entrenadores que lo tuvieron como jugador. Pero antes aún de aquel Dream Team que enamorase en los 90’s, fue otro, Rinus Michels, el que trajese al F.C. Barcelona, la base primera del fútbol total.

Un nuevo juego

El futbol que hoy conocemos, que todos los grandes intentaron imitar, ese juego vistoso, alegre, que combina la posesión de balón con el ataque total, que hace brillar a los centrocampistas y enamoró a todos cuando Guardiola lo llevó a cabo en can Barça, es un fútbol de la llamada escuela holandesa. Johan Cruyff, como jugador y posteriormente como entrenador, ya dejó buena muestra de una filosofía de juego que instalase en todas las categorías de la Masía. Desde muy niños, en el Barça se les enseña un sistema, una forma de jugar a la que se incorporan año tras año, categoría tras categoría, conceptos del fútbol que desarrollase el mejor Barça de la historia. Con Guardiola, esa filosofía alcanzaría una dimensión tal, que al fin, tras 40 años de la primera prueba del llamado “Fútbol Total”, hoy ha cambiado el fútbol en general, y todos, grandes y pequeños, copian y desarrollan de alguna manera la filosofía del Barça.

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Michels y Cruyff levantaron la Copa de Europa con el Ajax de Amsterdam

Pero no fue un camino de rosas. En el mundo del fútbol, muchas escuelas distintas impusieron en algún momento sus máximas. La escuela inglesa, ese fútbol vibrante y físico, herencia del rugby, primaba el ataque sobre todos los demás conceptos. El mundo del fútbol, en un principio, prescindía, casi en su totalidad, de los centrocampistas. Se jugaba con hasta cinco delanteros. La escuela húngara trajo más control de balón. El fútbol Italiano impuso su fundamento, no encajar gol. El mundo asistió a épocas doradas en que los equipos reducían su número de delanteros, fortalecían sus defensas y centro del campo y primaban no encajar goles sobre todas las cosas. Los alemanes trajeron orden y disciplina férreas al mundo del fútbol. Los centros del campo de cuatro hombres y la fortaleza física, se imponían entonces a las defensas cerradas. Y la escuela holandesa dejó para la historia un fútbol nunca visto hasta la fecha, que sin embargo, pese a encandilar al mundo, no tuvo éxitos iniciales que lo impusiesen. La idea, increíblemente, reinó sobre los resultados.

Es la escuela holandesa de la que el Barça obtuvo su filosofía.  Allá por 1971, el Presidente electo Agustí Montal Costa, se fijó como objetivo, para devolver la grandeza al F.C. Barcelona,  traer a un joven, flaco y espigado, cuyo fútbol enamoraba a toda Europa. Johan Cruyff, (que no llegaría a Barcelona hasta 1973) entonces jugador del Ajax de Ámsterdam, había sido ya galardonado con el Balón de Oro, y en todo el continente emocionaba con su juego. Discípulo de Rinus Michels en el exitoso Ajax, como forma de acercamiento, Montal Costa decidió fichar al entrenador holandés. Sin saberlo, cambiaría entonces la historia del F.C. Barcelona.

El fútbol según Michels

Rinus Michels llegó a Barcelona tras un exitoso periplo en el club de su vida, el Ajax de Ámsterdam. Su empeño y su propuesta futbolística, alzaron a un equipo hundido a convertirse en la referencia absoluta del fútbol holandés y europeo. El llamado “fútbol total” que impusiese Michels, llevaría al Ajax a ganar de 1965 a 1971 cuatro Ligas, tres Copas y una Copa de Europa. Esa filosofía novedosa de fútbol ya no abandonaría nunca a los “Ajacied”, que aprovechando una generación increíble y las nuevas maneras de Rinus Michels, ganaron, tras su marcha, dos Ligas, una Copa, dos Copas de Europa y una Copa Intercontinental. El fútbol holandés reinaba, gracias a Rinus Michels, en el mundo entero.

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Rinus Michels, un enamorado del fútbol

A su llegada a Barcelona, el técnico holandés impuso, desde el principio, su filosofía. Una forma física inmejorable, un derroche físico brutal y una entrega al grupo total e innegociable. Su formación como graduado en educación física, le sirvió para llevar a cabo lo aprendido allí donde entrenó. Unos futbolistas acostumbrados a jugar como sabían, tendrían que aprender un nuevo método, nuevas maneras de jugar, nuevos conceptos, de ataque y defensa. Rinus Michels, lo llamaría “la presión total”. Tras pérdida de balón, cada jugador debía presionar al rival con intensidad, hasta recuperar el esférico lo antes posible y volver a lanzar el ataque. El Barça, como los demás, aprendía un concepto completamente nuevo, que con el paso de los años, sería un fundamento sin el que entender al F.C. Barcelona, parece imposible.

El fútbol ya no debía primar mantener la portería a cero. Con el concepto de “la mejor defensa es un buen ataque”, Michels haría de sus equipos unos conjuntos incansables que agobiaban al contrario, le impedían jugar y defendían siempre hacia adelante. Incluso un concepto hoy fundamental como el fuera de juego, era muy poco utilizado en la época. Con el holandés al mando, el Ajax, como el Barça y la Holanda conocida como La Naranja Mecánica, harían del fuera de juego un arma más para encerrar a sus rivales. Un grupo de futbolistas que solían, como era típico entonces, reunir las mejores características individuales, daban paso a un tejido bien organizado de ayudas y coberturas, en que todos debían atacar y defender. Los equipos de Michels se movían como un acordeón, siempre guardando una escasa distancia entre sus líneas, siempre conjugados y presionando al poseedor del esférico. La movilidad absoluta era un pilar básico de esta filosofía de juego. La única meta, poseer el esférico y atacar. Atacar una y otra vez, sin descanso. Atacar y privar del balón al contrario. Siempre hacia adelante, incluso cuando toca defender. El juego ideado por el técnico holandés se asentaba sobre tres pilares inquebrantables: la práctica del fuera de juego, la presión ofensiva y la posesión del balón. El resto libertad absoluta.

Michels explicó su idea ante los medios con estas palabras:

“Acosar sin tregua ni respiro al adversario para recuperar la posesión del balón, y no ceder a ningún precio la iniciativa del ataque al contrincante, contando con dos requisitos básicos: un espíritu de lucha inquebrantable y una perfecta preparación física, sin los cuales el sistema se derrumba irremediablemente”.

Una anécdota, ya de su etapa apartado de los banquillos, cuando acudía a disfrutar del fútbol ajeno a la competición, da buena muestra de la idea de fútbol que Michels implantó en Ámsterdam y después en Barcelona. Ya retirado, Rinus Michels acudió invitado a presenciar un partido de las categorías inferiores del Ajax. Se trataba de niños que estaban siendo adiestrados en el fútbol que él mismo había diseñado. Como embajador vitalicio del equipo holandés, Rinus Michels pudo bajar a los vestuarios. Allí fue preguntado, en el descanso, sobre el juego de los niños. El entrenador quería conocer la opinión del maestro sobre sus pupilos y su trabajo. El ex técnico, sin cortarse un pelo, como en él era característico, le espetó:

“Dile a los niños que los he visto correr hacia atrás. Y en el Ajax de Ámsterdam, se defiende siempre hacia adelante”.

Ni siquiera, cuando esos mismos niños estaban arrasando a su rival en el campo, el ex técnico podía reprimir su característica sinceridad.

Un general sincero y duro de pelar

A nadie pilla ya por sorpresa el tipo de entrenador severo, que no pasa una, que anota en sus cuadernos cada falta, por leve que sea, y llega a los equipos dispuesto a cambiar absolutamente todo. Las herencias de los vestuarios son realmente difíciles de cambiar. Las tendencias adquiridas por los jugadores, salvo excepciones, son un auténtico quebradero de cabeza para los técnicos recién llegados. Y ya no digamos, si como es el caso de Rinus Michels, has llegado a un club para cambiarlo de arriba abajo.

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Rinus Michels dirigiendo un entrenamiento. Su carácter y semblante serio le valdrían el apodo mediático de “Mr Mármol”

La relación de Michels con la prensa y el entorno del barcelonismo, puede resumirse acudiendo a la hemeroteca y echando un vistazo a todo lo que se escribía de Louis Van Gaal. A Van Gaal lo representarían, las parodias de entonces, con un hombre que en vez de cara, tenía una ladrillo. A Michels, ya en 1971, lo apodaría la prensa de entonces “Mr. Mármol”. Y no sería la única de las casualidades. Y es que a Van Gaal, como a Michels, los llamaban siempre que un equipo necesita reorganizar su juego. Para poner la primera piedra. Para pasar desapercibido en la idea e historia del fútbol que recordará, merecidamente, a futuros entrenadores. De semblante serio, su habitual recogida de datos en cada partido, en cada entrenamiento, hacía temblar a los jugadores. El técnico daba total libertad a sus pupilos, siempre que ejecutasen a la perfección su esquema y su a la postre exitosa receta. Todos defienden y todos atacan. Cualquier detalle, por pequeño que fuese, podía sentar a la estrella de turno en el banquillo. Y Michels, siempre sincero, explicaría los motivos de dicha decisión, pero ni las más altas esferas del club conseguirían cambiar su método. Su intransigencia haría historia. No por casualidad los jugadores  del Ajax más temido e impresionante de la historia llamaban a Rinus Michels, “El General”.

Aquel primer encuentro con la plantilla culé en 1971, sería recordado siempre. Se habían terminado las complicidades y las confianzas mal entendidas. Marinus Michels saltaría al campo de entrenamiento, libreta bajo el brazo, y daría la mano con fuerza a todos los futbolistas. Reunidos en torno al “General”, el técnico se presentó con cordialidad y manteniendo las distancias. Un discurso breve pero conciso. Dos palabras que muchos aún recuerdan. Su primera instrucción:

“Llámenme Míster”.

Tras esa breve presentación, cada integrante de aquella plantilla empezó a sudar sangre. Michels, que quería imponer su modelo en Barcelona, asfixiaría en cada entreno a unos jugadores acostumbrados a otro ritmo. Él mismo explicaría, tiempo después, que la buena forma física de sus jugadores era fundamental.

Sin duda alguna, una de las anécdotas que mejor encarnan el carácter del técnico holandés, fue el llamado para la posteridad, “Incidente del Champán”. En la temporada 1972-73, Rinus Michels dirigía un equipo en transición. Aún no había conseguido imponerse en Liga, pero en Copa los resultados iban acompañando. Sumido en una crisis, con jugadores de renombre esperando la marcha del técnico, el F.C. Barcelona se enfrentaba entonces a un Sevilla que militaba en segunda división. Aquel Barça tenía como máximas estrellas a viejos conocidos como Charly Rexach y Marcial. Ninguno de ellos estaban precisamente satisfechos con el entrenador, ya que era habitual que la intransigencia del holandés dejase en el banquillo a ambos. No le temblaba el pulso. Aquel Barça, contra todo pronóstico, cayó eliminado al perder 3-1 con un segunda, ante el estruendo mediático y el inmenso cabreo del “General”.

Tras la debacle, los jugadores acudieron al hotel, donde permanecían concentrados, y dado el golpe de la eliminación, quizá pensando que la debacle daría con Michels en el paro, el propio Charly Rexach junto a Marcial y otros seis jugadores, entre ellos Sadurní y Miguel Reina (Padre de Pepe Reina) montaron su propia fiesta. Todo iba a quedar en una timba privada de cartas, hasta que decidieron llamar a recepción para que les sirviesen un par de botellas de champán y unas copas. La llamada pilló al entrenador paseando nervioso por la recepción. Ni corto ni perezoso, indagó entre los empleados y acabó por descubrir que sus propios jugadores habían sido los que habían pedido las botellas.

Unos golpecitos en la puerta de la habitación anunciaron la llegada del champán. Al abrir la puerta, los ocho juerguistas se toparon con Michels, profundamente irritado, que había arrebatado la bandeja del empleado del Servicio de Habitaciones. Ante el episodio que contemplaba, su ánimo acabó de incendiarse. Primero las copas y después las botellas se estrellaron contra la pared y el suelo. Incluso Sadurní resultó levemente herido en el pie por los cristales rotos. Los gritos enmudecieron la planta entera del hotel. Los jugadores implicados tuvieron que abonar al club una multa de 100.000 de las antiguas pesetas, que por aquel entonces  era una señora multa. Además, varios de ellos fueron condenados al ostracismo o traspasados a otros clubes. Miguel Reina terminó en el Atlético de Madrid, como Marcial. Rexach tuvo que soportar, como Sadurní, además de un enfado largo y duradero, un sinfín de suplencias. Con el tiempo, se quitó importancia al incidente. Sin embargo, siempre que al técnico o a los implicados se les recordaba, todos dejaban claro que así era Michels. No le llamaban El General porque sí.

Paciencia y trabajo

La etapa de Marinus Michels en Barcelona estuvo repleta de altibajos. Cuando al fin pudieron jugar extranjeros en el equipo, cracks de renombre como Cruyff llegarían y con ellos los éxitos. Sin embargo, nadie dentro del club, osaba poner en entredicho la idea y filosofía de juego del nuevo míster. La impaciencia de socios y aficionados, encendidos por la prensa, parecía que hacía tambalearse al inquilino del banquillo. Sin embargo, profundamente convencido en su método, Michels mantuvo su esfuerzo, siguió desarrollando su filosofía y tratando de convencer al mundo sin apenas resultados deportivos. La directiva tuvo la paciencia suficiente para dejar trabajar al holandés. Tanto, que incluso con referentes como Rexach en el banquillo, nadie osaba contradecir al amo y señor de la banqueta.

La paciencia llevó al éxito. Pero antes hubo que atravesar una larguísima travesía repleta de fiascos, decepciones y disgustos.Los más jóvenes ya eran formados en la filosofía atacante de Michels. Los más veteranos, pese a sus reticencias, comprobaban como, pese a los resultados finales, evidentemente el fútbol iba cambiando.

En 1973, un joven Johan Cruyff llegó al Barça. Era un sueño para los culés, y también para el propio técnico, que ya había entrenado al holandés en el Ajax de Ámsterdam. De él diría:

“Cruyff era el jugador más comprometido con el concepto de equipo, el más consecuente en virtud de una idea de juego”

. Y como hoy sigue siendo habitual, cuando la estrella da el máximo, todos siguen su ejemplo. A la vez que Johan, también Hugo Sotil llegaría aquel año. El equipo comenzó a cuajar un fútbol de otro nivel. Por vez primera parecía al fin posible rivalizar con el Real Madrid de Muñoz. Y de qué manera. El equipo de Michels se alzaría con el título de Liga, tras cuajar una exitosa temporada y demostrar un fútbol repleto de magia. Cruyff brilló con luz propia, echándose al equipo a sus espaldas y anotando goles que pasarían a la historia. El apodo de Holandés Volador le vino a Johan cuando en un escorzo sin igual remató por alto un centro de Rexach para anotar, precisamente a Miguel Reina, frente al Atlético de Madrid.

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Michels acabó con una sequía de 14 años sin alzar un título de Liga

Pero sin duda, incluso por encima de aquel título liguero, si un partido pasará a la historia del barcelonismo y del madridismo y dejaría un lugar reservado para Cruyff y Michels,  fue el 0-5 que le endosase a los blancos en su propio feudo, en el Bernabéu, con goles de Asensi (2), Cruyff, Juan Carlos y Sotil. Aquel partido fue el punto culminante de una temporada mágica que devolvió la alegría al Camp Nou y proporcionó, tras catorce lagos años de sequía, un título de Liga al F.C. Barcelona.

Con el crédito de aquella Liga, y pese a la llegada de otros grandes como Johan Neeskens, el Barça, pese a todo, no pudo repetir su hazaña. En 1975, tras dos temporadas de fracaso en cuanto a títulos, pero habiendo implantado una semilla que calaría muy hondo en Barcelona, como su sistema 4-3-3 y un estilo de juego marcado por la posesión y la presión, Michels abandonó el club.

En la temporada siguiente, la 1975-76, tendría un paso fugaz por el Ajax, donde estaría un año, para acabar recalando de nuevo en el Barça. Entonces su trabajo y el germen de su fútbol ya estaban instalados profundamente en la ciudad condal, aunque apenas reportaban éxitos.  Una Copa del Rey en 1978,  su última campaña en Barcelona (venciendo a Las Palmas por 3-1 en la final), cerró su ciclo en el Barça.

La naranja mecánica

Poco se puede añadir a aquel equipo de ensueño, encabezado por Cruyff, Neeskens o Rensenbrink. Aquella selección holandesa, brillaría con luz propia en el Mundial de 1974, donde se evidenció lo injusto que puede llegar a ser este deporte. El mundo entero se asombraría del fútbol y la filosofía de juego de los neerlandeses, que arrollaban a sus rivales uno tras otro, impidiéndoles jugar, adueñándose del esférico y moviéndose como un bloque en ataque y en defensa. La brillantez de su fútbol la llevó a la final, frente a una poderosa Alemania.  Aquel partido, de amargo recuerdo para todos los holandeses y todas las aficiones a las que enamoró su filosofía, terminó con la derrota más doliente y a la vez aleccionadora de la historia. Y es que, aunque Alemania saldría campeona del mundo ese año, ni las crónicas alemanas escondían que Holanda había sido una auténtica máquina de hacer buen fútbol. Pese a la derrota, pasaron a la historia como el referente universal del fútbol moderno.

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Michels celebrando con sus jugadores la Eurocopa de 1988

Aquel equipo mágico era entrenado por Rinus Michels. Con la base de su Ajax de Ámsterdam y habiendo implantado con sus mejores pupilos su idea de juego, enamoraron al mundo, cambiaron el fútbol, pese a la derrota y Michels volvió a demostrar que, además del éxito, importa la forma de conseguirlo.

Años más tarde, en 1988, dirigiendo otra Naranja Mecánica, la de los Rijkaard, Van Basten y o Ruud Gullit, Rinus, al fin, alcanzaría el éxito tan ansiado a nivel de selecciones, saliendo campeona de Europa y volviendo a confiar en una filosofía de juego que ya era, por aquel entonces, innegociable.

Un legado al fútbol

Marinus Michels, no por casualidad, fue nombrado por The Times y la FIFA el mejor entrenador de la historia. Sus aportes habían cambiado este deporte. Lo habían vuelto más atractivo, más rápido, más vistoso y también un deporte que al fin, requería del estado físico de un deportista de élite. Había cambiado el juego. Y había hecho de él arte.

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Hoy, salvo los estudiosos, pocos hablan de su paso por el Barça. Todos recuerdan su Ajax de Ámsterdam o La Naranja Mecánica, que en dos ocasiones enamoró al mundo del fútbol. Sin embargo, su semilla, sigue siendo, a día de hoy, un estilo innegociable en can Barça. El mejor Dream Team de Johan Cruyff, pupilo predilecto de Michels, es una herencia mejorada de aquello que Johan aprendió de su maestro en el Ajax y en Barcelona. Del mismo modo que el mejor Barça de la historia, para muchos el mejor equipo que nunca se ha visto, el de Guardiola, mejoró el juego y la experiencia del Dream Team.

Todo basado en una idea, una forma de alcanzar la cima. En el sueño de un arquitecto del fútbol, el diseñador de la modernidad en este deporte. Esperemos que su trabajo, que a día de hoy sigue siendo pieza fundamental de equipos como Ajax o F.C. Barcelona, siga siendo la filosofía principal e innegociable de un fútbol cada día más atractivo, cada día más vistoso y mejor.

 

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