Vaya pintas

Bórrala, bórrala. Cada vez que veo una foto de la infancia o —peor aún— de la adolescencia me invade una mezcla de estupor y vergüenza retroactiva, como si no lograse dar crédito ante esa versión caduca y grotesca de mí mismo. Vaya pintas, piensa uno en voz alta en un intento coqueto por quitarle hierro al asunto. Me ocurre algo parecido al leer un texto que escribí hace meses o —peor aún— hace años, ejercicio por otra parte saludable si no se abusa de él como del pase largo o del chocolate. Mi sensación es que en el fútbol de hoy se ha acelerado la cicatrización de ideas. Sin espacio para la ternura y sin carretes de fotos los pensamientos caducan en tiempo real. Se acerca el árbitro a enredar con la pantalla táctil del VAR y al texto que has escrito con supuesta lucidez antes del partido le sale una postilla que no puedes dejar de rascar con nerviosismo tribunero. Enfrentarse a un artículo de hace pocos días resulta hoy un viaje en el tiempo comparable a leer una redacción que escribiste en el colegio. Pero cómo pude pensar yo esto is the new vaya pelos llevo en esta foto.

Es raro. La segunda semana limpia consecutiva en can Barça volvió a tener más manchas de barro que los pantalones de un portero en los 90. Setién salió victorioso de su personal choque de estilos ante el metódico Bordalás y confiaba en disponer de algo de tiempo de calidad para seguir ganándose followers dentro de un vestuario que ya no tiene claro si quiere que la pelotita siga salvando a los de arriba. Estábamos aún contando las intervenciones —con los pies, entiéndase— de ter Stegen contra el Getafe cuando ardieron las redes, esta vez literalmente. Suenan tambores de pañolada en el Camp Nou por primera vez en 15 años. O se quedará en un ruidoso hashtag, yo qué sé. Las explicaciones del presi tras el Barçagate han dejado a los pesos más pesados de la plantilla con el ceño fruncido y dudando entre levantar o bajar el pulgar. De momento Messi consultó el monitor y dijo aquello de sigan, sigan. Respiramos unas horas. El llamamiento a la calma vino eso sí acompañado por un ataque de realismo del capitán, que pensó en voz alta que con lo que hay no alcanza.

Vamos por partes. Camp Nou, San Paolo y Bernabéu en una semana que tampoco será limpia. Antes de encarar lo que durante un tiempo se conocía como “el Tourmalet”, los de Setién se miden esta tarde al Eibar en un repecho incómodo marcado por el incesante ruido que rodea al club. Cabe preguntarse si es preferible jugar en casa o fuera y nadie tiene clara la respuesta. Mientras ruede el balón estas líneas que escribo caducarán vertiginosamente o parecerán acertadas como esa sudadera oversize que vuelve a llevarse y te arrepientes de haber tirado a la basura. Es la magia de la moda y de los ciclos, cada vez más cortos como sin duda habréis notado. Cuando dentro de unos años veamos una foto (leamos una previa) de esta temporada del Barça nos parecerá mentira que el equipo tuviese estas pintas. Este curso abrupto no es inexplicable pero sí impredecible.

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