Efecto Riqui

A sus veinte años y con su aspecto bonachón, podría estar triunfando por los pasillos de cualquier universidad catalana. Podríamos estar hablando de ese jovenzuelo que habita en las gradas del Camp Nou mientras mastica las palomitas echándose unas risas con sus amigos. Pero lo cierto es que Riqui Puig no es un joven al uso, a pesar de la normalidad que pueda despertar su sonrisa infantil. Como otros lo hicieron antes, algunos de manera poco efectiva, el cada vez más cerca de convertirse en jugador del primer equipo, parece haberse puesto el traje adecuado para triunfar en Can Barça.

Una foto del niño de Matadepera cogido a Leo Messi años atrás se reconstruyó el pasado domingo en el Camp Nou. Pasó de ser una foto de idolatría a una de felicidad compartida, especialmente por parte del “28”, que dibujó sus primeros trazos ligueros sobre el verde del campo de sus sueños. Un campo que pisaba por primera vez con solo diecinueve años la pasada temporada en Copa del Rey. Entonces, rodeado de los menos habituales, debutó como titular contra la Cultural Leonesa, rival que le permitió esbozar destellos de una obra que pronto acaparó una mirada global.

Un desparpajo propio de los de su edad, que ya habíamos visto esta temporada de la mano de Ansu Fati, le ha hecho sintonizar enseguida con su nuevo maestro, Quique Setién, al que veíamos entablando la típica conversa que tiene todo profesor con su alumno predilecto. Esa mirada que le lanzaba el cántabro en la Ciudad Deportiva Joan Gamper el pasado martes llevó a deducir la premisa de sus primeros minutos como jugador del primer equipo esta temporada, más allá de su titularidad en el Giuseppe Meazza. Muchos incluso situaban a Riqui en el centro del campo en la primera alineación de Setién. Pero la oportunidad no le llegó hasta el minuto 55, tras algunos minutos probándose frente al runrún del Camp Nou. Veinte minutos le bastaron a Setién para ver corretear sobre el pasto a su oveja favorita, rememorando la escena que seducía a todos en su presentación como técnico. No decepcionó, al contrario. Se entendió a la perfección con la magnificencia de Leo Messi, con el que compartió hasta dieciséis balones, que no es poco para un debutante.

Asimilando las virtudes de su ídolo, especialmente en lo que al escueto físico se refiere, Riqui aprovechó al máximo sus veinte minutos ante el Granada. No desperdició ninguno, para generar el primer y único tanto de la victoria azulgrana. Aprovechó su frescura para trazar una presión intensa y perfecta, que le permitió robar el balón que derivó en las botas del argentino. Combinó con el de Rosario y con el resto de compañeros presentes en el césped, e incluso tuvo tiempo para improvisar alguna de sus diabluras. Un momento mágico, quizás celestial, el que pudo revivir Riqui Puig el pasado domingo, que le hace tener más que nunca los pies en el suelo. Consciente de su pronta edad y con la mentalidad compartida con el filial, Riqui viaja este miércoles a Ibiza, donde a pesar de poder ser uno más en el interior del Pachá, figurará muy seguramente de titular en busca del billete a los octavos de final de la Copa del Rey. 

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