La penúltima y nos vamos

¿Qué tal me queda? Fue un martes por la noche con aroma a sábado por la tarde. Aburrido y casi por casualidad, el Barça probó el fondo de armario en la pasarela de Milán, se miró al espejo bajo un halo de asombro y le gustó cómo le quedaban varias prendas que ya no recordaba tener. Todibo fue ese abrigo calentito y protector comprado en rebajas el invierno pasado que ahora ya costará donar a los pobres; Wagué fue aquel pantalón de cuadros fresco y moderno, ideal para ir al trabajo, que está prácticamente sin estrenar; Carles Pérez la americana de sport que sienta bien a diario y en una ocasión especial como la noche del Meazza; y Aleñá esa cálida bufanda multiusos a la que ni habíamos quitado la etiqueta y cuya existencia resulta indispensable ahora que aprieta el frío.

Biscotto, ¿qué es eso? Los aplicados pupilos de Ernesto aguaron la fiesta europea a los descorazonados alumnos de Antonio y se regalaron otra semana con la flechita de la autoestima hacia arriba a la espera de visitar el nuevo Anoeta, un campo menos maldito últimamente pero maldito al fin y al cabo. Messi no tuvo que moverse de casa y eso es siempre una buena noticia antes de compromisos importantes. A propósito de prioridades, Valverde compareció ayer en rueda de prensa con la única y acertada intención de subrayar con rotulador permanente que el equipo sólo piensa en el Real, perdón, quiero decir la Real. Que tres puntos aquí son iguales que tres puntos allá. Buen intento.

La penúltima y nos vamos. Antes de medirse en el Clásico más largo de los últimos tiempos, Barça y Madrid afrontan salidas complicadas en las que sus entrenadores deberán gestionar esa metáfora de los huevos y las cestas propia de un máster en recursos humanos. En can Barça la alineación de esta tarde tiene truco; la previsible titularidad de Semedo, Jordi Alba o Arturo Vidal, los laterales necesitados de rodaje y el chileno con ganas de protagonismo, supondrá un claro mensaje de seriedad al grupo —quién sabe si también a La Liga— y a la vez permitirá coger aire a Sergi Roberto o Rakitić, dos piezas que suelen funcionarle a la perfección al Txingurri contra los blancos. El único exceso típico de estas fechas que podría concederse el técnico azulgrana sería alinear a uno de los niños prodigio en ataque, si bien parece poco probable.

Primero la obligación y después la devoción. Hablo de memoria pero creo recordar que Johan Cruyff prefería jugar antes que el eterno rival para hacer los deberes en el césped y que la presión cogiese el puente aéreo. Guardiola o Luis Enrique dieron una moderna vuelta de tuerca al concepto y solían afirmar que no verían el partido de los merengues pues irían al cine. Claro, claro. Volviendo al presente, parece una ventaja que el Barça juegue (y pueda golpear) primero en un gélido finde de peli y manta en el que tendremos ya un ojo en el sorteo de Champions y otro en el Clásico del tsunami. Aprovechemos este guiño del calendario de Adviento para cumplir en San Sebastián y que parezca el partido más importante del año.

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