Nostalgia del presente

Un ataque de consciencia al año no hace daño. El Barça ha vivido una semana de sonrisa bobalicona y brillo en la mirada gracias en parte al chaparrón dominical con final feliz en el Wanda y sobre todo tras el obligado ejercicio de nostalgia del presente en el Théâtre du Châtelet. Las tímidas palabras del seis veces Balón de Oro hicieron volar hojas de calendario y sacudieron bruscamente nuestra imaginación. Ahora toca, sin embargo, aterrizar. Bien haría la parroquia culé en seguir el consejo de Lucía Taboada, quien escribió hace unos días que “echar de menos a alguien que no se ha ido, imaginar cómo será esto del fútbol cuándo no esté, es la forma más coherente de disfrutarlo en el presente”. Recordado, valorado, premiado y celebrado el argentino, the show must go on.

Decíamos ayer. Los de Valverde se dieron un necesario homenaje anímico ante la espada roma que es este curso el Atlético y reciben esta noche al recién ascendido Mallorca, incapaz de pescar puntos fuera de las islas en su regreso a Primera. Aunque el líder no está para paseos, sorprendería que el choque ante los baleares no se pareciese a un cómodo ensayo de la función navideña para los Reyes Magos del recién nacido tridente azulgrana; el foco se situará una noche más en la cantidad de caramelos que Rey Messi pueda y quiera lanzar a Griezmann, cuya progresiva integración grupal es uno de los pocos alicientes que le quedan al Barça antes de las vacaciones.

Gestión de recursos humanos. Con Rakitić desoxidado y recuperado para la causa en las últimas semanas, Arturo Vidal sigue comprando papeletas para salir por la ventana invernal dirección Milán. Curiosamente una derrota barcelonista el próximo martes en San Siro endulzaría no poco las relaciones entre clubes y posibilitaría un contexto favorable de negociación bidireccional, con el chileno listo para ser acogido con los brazos (muy) abiertos por Antonio Conte y quién sabe si Lautaro apalabrado como nuevo Suárez. El Barça no se juega nada deportivamente, leeremos estos días en los diarios; yo opino que se juega mucho. Como tendré la suerte de vivirlo en el estadio, prometo confesaros si hubo o no biscotto.

Hacemos el balance de lo bueno y malo. Las victorias frente a Dortmund y Atlético apaciguaron las aguas en can Barça pero forman ya parte del pasado. El futuro próximo es un Clásico postpuesto que empieza a revolotear en el horizonte y que lejos de resultar decisivo para el devenir de esta Liga igualada a la baja animará cenas de empresa y sobremesas familiares. En caso de victoria clara de alguna de las dos partes actuará como termómetro emocional de fin de año; si firman tablas, escenario más que probable, nos iremos de vacaciones con ese sabor a “pues todos contentos” que dejan las vacías conclusiones de los políticos tras unas elecciones. Pero para eso aún queda tela, tampoco mucha, que cortar. Qué difícil es vivir y aferrar el presente.

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