Tiempo por delante

Leganés, Dortmund, Atlético. En ese orden. El Barça afronta una semana con cierta trampa en la que el orden de los factores alterará inevitablemente el producto, aunque los amantes del vaso medio lleno agradecemos que el calendario nos haya guiñado un ojo situando el partido más importante del primer cuatrimestre en casa, donde los de Valverde acostumbran a cumplir el trámite —y poco más, me diréis, pero ese es otro tema—. Las ausencias en Butarque dejan claro dónde está puesto el foco.

Los tres grandes andan fallones este curso y han permitido que equipos con menor exigencia como la Real Sociedad o hasta el Granada flirteen con la cima de la clasificación, por lo que parece poco probable que a algún avispado se le ocurra pesar el partido del Wanda como media Liga en su análisis populista. Y se agradece. Porque el Barça necesita más que nunca ser sintético en su carta a los Reyes, donde ha de disimular el hecho de no haberse portado muy bien este año y pedir con humildad una clasificación europea —como primeros de grupo, se entiende— que pasa por ganar a los alemanes el próximo miércoles.

El patrón de selecciones. Ya nadie tiene muy claro si la pausa obligada por los compromisos internacionales es larga o corta, ancha o estrecha, útil o inservible; a los equipos en forma —no es el caso del Barça— les corta el rollo competitivo, a los jugadores apartados y croatas les permite alzar la voz y preguntar qué hay de lo mío, a los lesionados y galeses disfrutar de unos días de desconexión y bromas con los amigos, a los presidentes descontentos nombrar un nuevo entrenador y a los empresarios del tenis ver y dejarse ver como mandan los cánones del mercadeo.

Robert Moreno, Luis Enrique y Rubiales. Messi, Tite y Cavani. Rivaldo, Tite y Paquetá. Griezmann por detrás de dos puntas. Han pasado tantas cosas desde que el Barça doblegara al Celta de Óscar García que no caben en un párrafo, y crece en mí la sensación de que interrumpir las ligas cada pocas semanas es al fin y al cabo un mal necesario para entretenernos con otros temas que siguen con asombrosa precisión un esquema cíclico en cada parón: sirenas de mercado, breve debate táctico, culebrón jerárquico, revisión estadística del duelo Messi versus Cristiano, boletín médico del virus FIFA, repetir.

La vuelta al cole. A los jugadores les está costando enormemente adquirir velocidad de crucero en esta temporada abrupta, tan marcada por lesiones e interrupciones más o menos oportunas. Los aficionados nos hemos dejado contagiar y tampoco arrancamos. Ayer De Jong le ganó un sprint corto a Dembélé y Monsieur Fiabilidad Lenglet sufrió un pequeño percance en el gemelo, por lo que no sabe uno a qué agarrarse ni qué predecir. Es probable que se gane sin brillo en Butarque, se sufra más de lo habitual en estas fechas contra el Borussia y se empate a casi nada en el Wanda. Más no me atrevo a aventurar.

Alguien dijo una vez que no se echa de menos ser joven sino la sensación de tener mucho tiempo por delante. A trompicones, con dos caras y messidependiendo del de siempre, el Barça ni quiere ni debe preocuparse aún por el devenir de la temporada con tantas hojas del calendario por arrancar. El curso está saliendo rarito pero no acaba de torcerse y los estudiantes veteranos lo saben: del tríptico de partidos de la semana, el día marcado en rojo es el miércoles. Que nadie os convenza de lo contrario.

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