Rectificar es de sabios

Reconozco que soy de aquellos ingenuos que pensó que tras la salida de Pep Guardiola si que volveríamos a presenciar un fútbol de aquel calibre. Tuve fe ciega en aquel alumno aventajado que se convirtió en maestro y elevó una doctrina que me hizo enamorarme perdidamente de un equipo con un estilo que sentía como propio.

Le compré el discurso de inicio a fin, y por ello veía viable que dicho espectáculo prolongado en el tiempo se volvería a suceder. A parte de las palabras me lo demostró con hechos, podíamos jugar a nivel similar pasando de Zlatan Ibrahimovic a Bojan Krkić, de Éric Abidal a Maxwell, de Pedro Rodríguez a Jeffren Suárez o Ibrahim Afellay. Lo reconozco, dichos ejemplos son exagerados, pero me encanta exagerar y seguro habéis cazado el concepto que quiero exponer.

Esta certeza se desgarró al ver la llegada de Ivan Rakitić como argumento supliendo a todo un Xavi Hernández, la reconversión definitiva de Sergi Roberto para ocupar el vacío de Dani Alves con la guinda de la llegada de Nélson Semedo o la colección de cromos que se ha convertido el extremo zurdo desde Neymar, pasando por Philippe Coutinho o el actual Antoine Griezmann. Tampoco digo que proceder cual crío en el Mercat de Sant Antoni en ocasiones de sus frutos pero pienso que no es el mejor plan para repetir algo extraordinario.

Nunca compartí, que nunca veríamos nada como Xavi o Iniesta, que se me entienda, eran únicos, pero se podía buscar piezas similares para volver a poner en marcha el motor. Fantaseaba con Miralem Pjanić o Marco Verratti en pos de aquel profesional croata, aún sabiendo que habría un abismo dejado por aquel menudo con el seis a la espalda. Los nombres eran lo de menos, muchos se sucedían, Isco Alarcón o Thiago Alcántara, aquel gurú de Santpedor me mostró que con plena convicción todo era posible.

Es posible querido lector que hayas podido hacer una mueca de desaprobación al comparar dichos nombres terrenales con las banderas de aquella escuadra para la historia pero en la anarquía de tierras inglesas ha conseguido domar a lo más rústicos encumbrando a David Silva y reconvirtiendo a un Kevin de Bruyne que en la parte azul de Londres se comportaba como un extremo desbocado y amante de las contras. Resulta que tenía razón, los nombres eran lo de menos, si se apostaba por ello, se podría repetir.

Sigo pensando que está en lo cierto pero tras la ineptitud del Tata, el vértigo de Luis Enrique y la apatía de Valverde finalmente hinque la rodilla. Me resigne y adormeci dicho pensamiento de mi mente para conformarme únicamente con divertirme los 90 minutos frente al televisor. Deje de buscar la sensación que sentí al ver por primera vez Lost para poner mi cerebro en pantalla azul y reírme o emocionarme con la bazofia de Hawai 5.0.

El problema que no sintonizaba las conversaciones de Steve McGarrett y Dano, ni los paisajes paradisíacos, sino que cada tres días hacía un esfuerzo titánico para mantener mis párpados separados fruto del castigo que provocan dos vástagos. Cuando ya parecía todo perdido se consiguió convencer a Frenkie de Jong a unirse a una causa perdida, aquel Arthur Melo que parecía un oasis en un desierto nos decía que no era una ilusión óptica e incluso a Rakitić y a Arturo Vidal se les impuso un rol de recurso mucho más adecuado con sus prestaciones.

Arturo Vidal ejecutó a la perfección su rol de revulsivo que ha quedado claramente definido este curso. | Foto: @forca_fcb.

Brotes verdes decíamos y yo con recelo, los veía crecer en un lodazal y paradójicamente en un momento tan complejo como fue la entrega de la carta de presentación de Lautaro Martínez, de forma un tanto impopular presencie destellos de esperanza. Veía una posesión más trabajada pero llena de asperezas, vuelta a la presión alta sin dar frutos eso sí y ocupaciones de los espacios en ciertas zonas mucho más sensatas. Tampoco me alteraban las opciones del Inter, era plenamente consciente que el plan de Conte se veía reforzado con ese tempranero gol y que las imprecisiones propias del inicio de curso eran una buena presa para un biscione al que se le asoman colmillos que antaño fueron temibles.

Mi sonrisa volvió a borrarse al toparse con una realidad aún más dura. El Barça por fin tenía el plan que siempre le pedimos pero no era capaz de ejecutarlo. Me vi en tercera persona en un entierro de una generación dorada, al no tener la estructura adecuada para mantenerles con vida unos años más. La confección de la plantilla no te proporciona características para imponer una presión alta de forma efectiva o unos extremos/laterales que te ofrezcan una profundidad/amplitud convenientes.

Evidentemente que sí que hay piezas que puedan darnos estos servicios pero entiendo que teniendo a Valverde como gestor y las actuales jerarquías sea imposible ver en el banco a Luis Suárez y dar protagonismo en plenos poderes a Carles Pérez o Ansu Fati por poner un ejemplo, y mucho menos tras las dos barbaridades que le propinó a Samir Handanovič. Por lo que vuelve mi resignación de no buscar la excelencia y conformarme con pasar un grato agradable y no dar cabezazos cuál valiente madrugador en horas intempestivas en el metro.

Frenkie de Jong y Arthur Melo se quitaron el corsé con el nuevo sistema. | Foto: @forca

Ese Arturo Vidal empujando a los Škriniar, Godín o De Vrij contra su área me devolvió al Ajax que nos maravilló bajo la tutela de Erik ten Hag en la pasada edición de la UEFA Champions League. Por supuesto que no era por la clase de la cresta chilena sino por esa propuesta de 4-2-3-1 o maquillada en forma de 4-2-1-3. Me imagine a Arthur ejerciendo de Lasse Schøne y Antoine Griezmann de Donny van de Beek y con la ventaja de contar con el mismísimo De Jong. En mi ecuación se quedaban fuera Luis Suárez dado que Messi haría la de Dušan Tadić y muy a mi pesar, Sergio Busquets.

Sin embargo, tras grabar el último podcast, hecho que me produce últimamente mayor placer que el propio Barça, mi dilema interno no para de aumentar. Que siga creciendo ese académico y posicional 4-3-3 aunque posiblemente con varias carencias o avenirse con ese 4-2-3-1 más apto para las piezas actuales y con posible opción a goce. Ese: “No al doble pivote”, de mi amigo y estandarte del Estadi, Culé de Chamberí me tortura cual gota china.

Dicho espacio radiofónico que disfrutó ya sea como invitado, presentador u oyente me proporciona conocimientos que me hacen recapacitar y aún sabiendo que Jordi está en lo cierto, me genera una gran duda que quien se sienta en el banquillo y el que mueve los hilos desde la grada sean capaces de ejecutar sus ideales líricos. Espero en fechas futuras, cuando cada encuentro se valora como una final, volver a este mediocre escrito a jurar que nunca llevaré la contraria a ese tipo grande que apareció en el bar que de forma acertada nos llevó Toni Marco como un huracán cargado de energía positiva. Rectificar es de sabios, o eso dicen.

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