Remontada a lomos del talento anotador del uruguasho ante un excepcional rival

Ayer era un día importante, por partida doble. Al filo de las 20.00 se confirmaba la titularidad de la Bestia Parda, por fin, en un partido de campanillas, la visita del Inter de Milán al Camp Nou. y en Can Culé de Chamberí recibíamos por primera vez la visita del Primigenio en la nueva casa para ver un partido del Barça, la primera de muchas.

20.55, ya aposentados en el sofá frente al televisor, las dos primeras generaciones culés chamberileras observaban los protocolarios himnos, saludos y sorteos, previos al comienzo de un partido de Champions, mientras arriba la yaya se empapaba de anécdotas de colegios, piscinas, guarderías y actividades extraescolares en triple dosis de parte de las inquietas y charlatanas chicas de la tercera generación de Culés de Chamberí, todavía un tanto apartadas del cosquilleo que producen los partidos de la máxima. Todo se andará, no hay que forzar lo inevitable 😉

Apenas 3 minutos, y en la primera aproximación interista, en un desequilibrio entre los centrales barcelonistas, el deseado Lautaro, ganó la acción en carrera a Lenglet, y pese a su oposición, lanzándose al suelo cruzó hábilmente el balón al segundo palo, para acabar de inaugurar el marcador, y las primeras andanadas de pesimismo atávico culé de la anterior generación, la del patiment, apuntando que este partido no se iba a ganar. Eso pese a que el equipo reaccionó muy bien al gol, y comenzó a mandar en el mediocampo con un gran Arthur y un gran De Jong generando un gran volumen de juego en tres cuartos, que no encontraba en los tres de delante la continuación necesaria, y la falta de amplitud de Messi y Griezmann no era ni mucho menos compensada por Sergi Roberto. Ni hablar del pobre Semedo, que a pierna cambiada era flotado por el esquema defensivo italiano para dejarlo como hombre libre sobre el que acababan las jugadas ofensivas de manera inocua para la portería italiana, pese a recibir repetidamente en la esquina del área contraria.

La cosa cambió a partir del minuto 20, aproximadamente, y llegaron los peores momentos para el Barcelona, pues el Inter, ya se había acomodado perfectamente y comenzó a lanzar latigazos, catalizados por una gran salida de balón para un equipo nuevo como el de Conte. Ter Stegen tuvo que obrar un milagro, el peligrosísimo Lautaro tuvo un recorte largo que evitó el segundo a puerta vacía y hasta se anuló un segundo gol interista por un claro fuera de juego. Se había pasado de una buena reacción, a los sustos, y finalmente la actuación visitante estaba alcanzando la categoría de baño a todas luces. La llegada del descanso fue una grandísima noticia para el Barça con una mínima desventaja.

Valverde debió aleccionar a los suyos en el descanso, porque desde el saque inicial se vio otro Barça, más aposentado en campo contrario, más consciente de la necesidad de minimizar las pérdidas, y más agresivo, con un Messi muy metido en los primeros minutos de la reanudación, lo que siempre sirve de reclamo para despertar a todo el equipo. La entrada de Vidal, invirtió el triángulo del mediocampo, y llevó a un doble pivote muy alto, mientras por delante, el chileno limpiaba el terreno para Messi, aunque al principio hubiera algunos momentos de solapamiento y cierta confusión. En una de esas jugadas de Messi hasta línea de fondo, retrasó para Vidal, en el pico del área, que centró a la frontal donde se la pedía Luis Suárez que nos deleitaría con una de sus clásicas voleas, demoledora, rasa, inalcanzable para Handanovic. Quedaba más de media hora y el empate significó un duro golpe para el equipo lombardo.

Salió también Dembelé por un Griezmann que pese a sus esfuerzos y actitud no acaba de acoplarse y rendir como de él se espera. El mosquito entró muy enchufado y dando muestras de mayor profundidad, lo que necesitaba el equipo en la banda izquierda. El Barça seguía dominando ante un Inter demasiado aculado, pero tampoco se veían demasiadas ocasiones para asustar a Handanovic, con lo que iban pasando los minutos y el empate parecía un destino inevitable.

Pero faltaba la última palabra de la BP.  En una arrancada que inició sentando a Asamoah, Messi cabalgó hasta la frontal donde, frenó en seco y habilitó a Luis Suárez quien con un gran control orientado dejó fuera de plano a su compatriota Godín, para a placer fusilar a Handanovic y sellar una victoria que parecía imposible una hora antes, y que llenará seguro de confianza los tanques de Luis Suárez y puede que del equipo, superando un difícil trago para alargar la racha de imbatibilidad del fortín azulgrana en Europa, con más de seis años y medio de imbatibilidad.

Además, tuvimos los primeros detalles y la consumación de la llegada de la Bestia Parda a la nueva temporada, aunque sea casi dos meses más tarde por culpa de ese maldito sóleo ibicenco que nos ha apartado de su fútbol durante más tiempo del que nos gustaría. En cualquier caso ya ha dado pistoletazo de salida al #Bestiapardómetro:

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